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21/04/2026Los desafíos que Mariela de la Guardia Oteiza convirtió en carrera

Artículo por: Juan Carlos Morris – Entrevista con Mariela de la Guardia Oteiza para Lex Latin
Hay personas que esperan que el momento sea perfecto antes de actuar. Mariela de la Guardia Oteiza no es una de ellas. Se graduó de su maestría en Northwestern un 15 de mayo y el 16 ya estaba en su escritorio. Esa cadencia lo dice todo: en más de quince años de carrera en Panamá nunca esperó a que le abrieran la puerta, sino que encontró la manera de estar ya adentro cuando otros todavía estaban esperando su turno. Hoy es socia de Icaza, González-Ruiz & Alemán, una de las firmas más prestigiosas del país; referente regional en derecho comercial y propiedad intelectual; y presidenta de la Cámara Americana de Comercio e Industrias de Panamá (AmCham Panamá), la organización que articula la relación entre el empresariado panameño y el socio comercial más importante de la región, los Estados Unidos.
Pero lo más interesante de de la Guardia no es lo que ha acumulado, sino lo que ha entendido. Que ser experta en un área no es suficiente si no puedes ver el negocio completo del cliente. Que el liderazgo femenino no es un concepto abstracto sino algo que se demuestra o se niega en una reunión, en un pasillo, en la forma en que alguien te mira cuando entras a una sala. Y que Panamá, con toda su estabilidad y su geografía privilegiada, tiene una ventana de oportunidad que no va a estar abierta para siempre. Una conversación sobre carrera, liderazgo y compromiso con el país.
LexLatin: Tiene usted más de quince años de carrera en Panamá, una práctica consolidada en derecho comercial y propiedad intelectual, y acaba de asumir la presidencia de la Junta Directiva de la Cámara Americana de Comercio e Industrias de Panamá (AmCham). ¿Cómo describe ese recorrido desde el principio hasta hoy en sus propias palabras?
Mariela de la Guardia Oteiza: Todo empezó muy temprano. Me gradué joven de la facultad, entré con veintiún años a una maestría en Chicago, y al día siguiente de graduarme, el 16 de mayo de 2009, ya estaba trabajando. No es una exageración: literalmente al día siguiente. Esa maestría fue determinante, no solo por el conocimiento sino por la perspectiva que me dio. Éramos un grupo muy diverso, de todas partes del mundo, y eso abrió una forma de ver el derecho, los negocios y la vida que no hubiera conseguido de otra manera. Antes de las redes sociales, viajar y estudiar afuera era la única forma de conocer realidades distintas, y yo aproveché cada momento de eso.
Al regresar a Panamá me incorporé a la firma y empecé en el área de propiedad intelectual, que me apasionó desde el principio. Atendía desde servicios hasta productos de consumo, software, campañas de lanzamiento, estrategias comerciales. Entendías el negocio del cliente desde adentro, lo que a cada sector le preocupaba, cómo pensaban. En algún momento la firma me dijo que para crecer necesitaba ver más áreas de práctica y no quedarme solo en propiedad intelectual. Yo escuché, hice la transición, pero nunca dejé el área: hoy sigo siendo socia del departamento de marcas y sigo activa en la INTA y en todas las organizaciones de propiedad intelectual de Panamá.
Con el tiempo fui incorporando la parte comercial y corporativa, especialmente todo lo relacionado con la atracción de empresas extranjeras a Panamá. Cuando una multinacional llega al país, necesita orientación en múltiples frentes al mismo tiempo: el establecimiento legal, los permisos, los temas migratorios, laborales, fiscales. Yo me convertí en ese primer punto de contacto, trabajando en conjunto con los equipos especializados de la firma para ofrecerle al cliente un servicio integral. Panamá tiene además la Ley de Sede de Empresas Multinacionales, que ofrece beneficios importantes tanto a las empresas como a sus empleados de alto nivel, y eso genera una demanda muy específica de servicios legales que he ido desarrollando con los años.
¿Y cómo llegó a la presidencia de la AmCham Panamá?
Fue un proceso gradual que empezó alrededor de 2015, cuando varios socios consejeros de la firma que participaban en cámaras y organizaciones empresariales nos dijeron que era momento de que la siguiente generación tomara esas riendas. Me involucré en la Cámara Americana de Comercio, primero en el comité de legislación e impuestos, y fui asumiendo más responsabilidades. Al cabo de un tiempo me pidieron que me postulara a la junta directiva. Salí electa por los miembros de la cámara, tengo siete años en la junta directiva, ocupé los cargos de secretaria y vicepresidente, y hubo incluso un año en que, por el período de pausa obligatoria entre mandatos, la presidenta de ese año me pidió que me mantuviera como asesora. Cuando volví a ser elegida para la junta, ya había un consenso claro: era el momento de asumir la presidencia.








